Biden y las políticas ambientales

 

Por Jaime Rivera Velázquez

Entre las muchas y radicales diferencias entre Joe Biden y su predecesor, Donald Trump, pueden mencionarse la política exterior y la política ambiental. Biden es un experto en relaciones internacionales; en el Senado presidió la Comisión de Relaciones Exteriores y como vicepresidente fue muchas veces emisario de alto nivel de Barack Obama; promotor de acuerdos multilaterales y firme defensor de las alianzas de Occidente. Biden tiene también un claro compromiso con la transición energética —de los combustibles fósiles a las energías limpias— y con las acciones para frenar el cambio climático. Trump representa todo lo opuesto. Ignorante de las relaciones internacionales, burdo y bravucón en el trato con sus pares, ha retirado apoyo a organismos internacionales, incumple compromisos políticos y militares con los aliados europeos, se entiende mejor con gobernantes tiránicos o populistas como él y desprecia los acuerdos multilaterales. Con ignorancia y soberbia, Trump niega el cambio climático, prefiere los hidrocarburos a las energías renovables y maneja los asuntos de gobierno con tacañería y simpleza.

De tal manera que el triunfo electoral de Joseph Biden no representa un cambio ordinario de gobierno, sino un viraje que pronto se sentirá a nivel global. El presidente electo se ha comprometido a un regreso estadunidense al multilateralismo, a renovar el apoyo a los organismos internacionales y a reparar el debilitamiento causado por Trump a la OTAN. En particular, Biden anunció que Estados Unidos regresará al Acuerdo de París, alcanzado en 2015 entre varios países para combatir el cambio climático y luego repudiado unilateralmente por Trump.

Joe Biden se comprometió a reducir a cero las emisiones estadunidenses de dióxido de carbono hacia 2050. El presidente electo también pretende que toda la electricidad en su país esté libre de emisiones contaminantes para el año 2035. Inclusive China se comprometió recientemente a lograr la neutralidad de carbono en 2060, mientras que la meta de cero emisiones en la Unión Europea se fijó para el año 2050. A decir del grupo de investigación Climate Analytics, si estos objetivos se cumplieran, las metas del Acuerdo de París se colocarían a una distancia alcanzable. Todo esto da idea del tremendo retroceso que en política ambiental sufrió el mundo en tan sólo cuatro años de gobierno de Trump.

Si Estados Unidos y China cumplieran el objetivo de cero emisiones de dióxido de carbono, se reduciría el calentamiento global hasta en 2.7 grados centígrados hacia finales de siglo, de acuerdo con especialistas consultados por el rotativo británico Financial Times. De acuerdo con Climate Action Tracker (una organización internacional de expertos ambientales), si China, Estados Unidos, la Unión Europea, Japón y Corea del Sur, que juntos representan dos terceras partes de la economía mundial, cumplieran sus compromisos ambientales, las emisiones contaminantes planetarias se reducirían a la mitad.

El esfuerzo internacional norteamericano en la materia no tendría credibilidad si no estuviera acompañado por políticas públicas agresivas en el plano doméstico.

Se sabe que la administración Biden desea establecer el primer Consejo Nacional Climático, una oficina central de alto nivel para dirigir todos los esfuerzos ambientales del gobierno estadunidense. Existen dudas sobre la posibilidad de implementar todas esas políticas con un Senado dominado por la oposición del Partido Republicano. No obstante, la experiencia de más de tres décadas como senador de Biden le ha dejado numerosas relaciones entre los republicanos, así como destreza parlamentaria para sacar adelante acuerdos legislativos difíciles.

El presupuesto estimado por la administración Biden para temas ambientales será de dos trillones de dólares (trillones en inglés, billones en español). Este dinero se ejercería en los siguientes cuatro años para adecuar la infraestructura eléctrica de cuatro millones de edificios (de oficinas y residenciales) en Estados Unidos y hacerlos más eficientes en su consumo de energía. También se busca invertir fuertemente en la manufactura de nuevos vehículos eléctricos para modernizar la red de transporte colectivo y ofrecer incentivos fiscales a los ciudadanos para cambiar sus automóviles por unos menos contaminantes.

Éstos y otros temas se discutirán en la cumbre climática de la Organización de las Naciones Unidas en Glasgow, Escocia, en noviembre del 2021, donde se espera un respaldo decisivo de Estados Unidos a los objetivos mencionados.

El regreso de Estados Unidos a los compromisos ambientales y al enfoque científico del cambio climático tendrá repercusiones en muchos países, incluidos aquellos en vías de desarrollo que se resisten a transitar hacia energías limpias y renovables.

 

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