Tirano

 

Desde mucho antes de la elección estadunidense del 3 de noviembre, hasta ahora, en lo que va del proceso poselectoral, Donald Trump ha intentado mutilar el proceso democrático, en lo que se revela, según el New York Times, como la intentona de golpe bruto en contra de la democracia de Estados Unidos más grande y audaz que se conozca en toda la historia política de la presidencia de ese país. La tiranía de Trump se resiste a irse frente a los ojos azorados del mundo entero por el hecho inédito.

Al momento de escribir estas líneas, Donald Trump y su principal y más rabioso secuaz, Rudy Giuliani, habían intentado, sin éxito, desmantelar y bloquear los resultados del estado de Georgia, los cuales favorecieron, como se esperaba, al presidente electo, Joe Biden (los demócratas no ganaban ese estado desde 1992). La certificación dada a Biden por su triunfo en este estado parece ser el precedente inicial para que, de una vez por todas, se termine con este golpe de Estado sin precedentes que el trumpismo ha iniciado en forma por demás temeraria, dadas las graves consecuencias que ya está teniendo en la credibilidad entre la opinión pública.

Trump, con su narrativa incendiaria, ha abierto la caja de Pandora ante la sorpresa de la clase política y la cobardía de la amplia mayoría de los políticos republicanos. Por lo demás, los varios casos que el trumpismo abrió en Arizona, Nevada, Wisconsin, Michigan y Pensilvania, (todos éstos, estados bisagra ganados por Biden) para que los resultados fueran desconocidos y/o alterados por las autoridades competentes, fueron abandonados por el equipo legal del presidente, el cual se ha visto disminuido.

Las fechas límite para la certificación del triunfo de Biden en estos estados críticos son: Pensilvania, el 23 de noviembre; Michigan y Arizona, el 30 de noviembre, y Nevada y Wisconsin, el 1 de diciembre. Es decir, el margen de maniobra para que Trump imponga sus triquiñuelas se reduce a cosa de días, todo lo cual hace pensar que sus desesperados esfuerzos por revertir los resultados electorales serán infructuosos. No se diga el hecho de que algunos actores miembros de la clase política republicana —aún en números muy limitados— empiezan a dar muestras de impaciencia y emplazan al presidente para que, de una vez por todas, acepte su derrota y colabore con el presidente electo, Joe Biden, para encauzar la transición.

Platón creía que los demagogos explotaban la libertad de expresión para instalarse como tiranos. Algo parecido ha ocurrido con Trump, quien ha tenido la habilidad de explotar a su favor el proceso democrático para constituirse en un auténtico autócrata. Y esto lo está demostrando a pie juntillas con su violenta e irracional reacción al triunfo de Biden. Nos dice Timothy Snyder (On Tyranny, Tim Duggan Books, Nueva York, 2017), que los padres fundadores de Estados Unidos, al instaurar una república democrática con base en la legalidad e instituyendo un sistema de contrapesos, “buscaban evitar el mal que ellos, como los antiguos filósofos, llamaron tiranía. Tenían en mente la usurpación del poder por un sólo individuo o grupo”. En esta fundación del andamiaje institucional democrático incluyeron la instalación de un Colegio Electoral que, en teoría, evitaría la presencia de tiranos o fuerzas anómalas para la democracia constituida.

Si bien los contrapesos son y han sido sumamente efectivos para parar a los Nixon y hoy, parcialmente, a los Trump, podemos atestiguar la relativa debilidad de estas instituciones para detener los impulsos autoritarios de Donald Trump. Ciertamente, no se le podría exigir a los padres fundadores (que bastante visionarios fueron), presagiar el nuevo universo demográfico, multiétnico y multicultural de la modernidad estadunidense, el cual habría de cambiar para siempre la demografía electoral. Así, habiendo acertado en su tiempo en concebir una defensa frente a la intromisión de tiranías extranjeras o locales, los fundadores de EU erraron al darle un poder absoluto, electivo y resolutivo a un Colegio Electoral que, en esta ocasión, hubo de elegir a un tirano y está por verse que hará ante las actuales presiones del trumpismo. Si EU quiere hacer sobrevivir su sistema democrático, harán bien en repensar los cambios y reformas que el mismo tendrá que confrontar antes de que la libertad de acción que ha autorizado las tendencias tiránicas encabezadas por Trump, secuestre en forma aún más poderosa las salvaguardas democráticas que eventualmente habrán de evitar que Trump se perpetúe en el poder a pesar de haber perdido la elección e incluso como actor proactivo a favor de su causa y su base social una vez fuera de la presidencia, objetivo que ciertamente está buscando cumplir con su boicot a la democracia estadunidense.

 

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